“Estaba drogado, no sabía lo que hacía, vi
que algo se movió y lo quise asustar”. Con una Biblia de tapa bordó entre sus
manos, campera de denim gastada, los ojos muertos y el pelo enmarañado, Miguel
“Vampirito” Fernández reconoció en 2005 ante el Tribunal de la Cámara Tercera en lo
Criminal haber asesinado a Gastón De los Santos a quien una bala calibre ’38 le
destrozó el corazón una madrugada de diciembre de 2002. Gastón tenía 16 años.
Antes de saber de la muerte de su hijo, esa
madrugada, Rubén De los Santos, estaba de festejo. El más pequeño de sus seis
chicos cumplía años. Rubén comenzó a sospechar que algo andaba mal por el
retrazo que llevaba Gastón, quien era particularmente puntual cada vez que
salía a hacer mandados con su moto, una Zanella Sol 70 centimetros cúbicos, que
su papá le había regalado tres meses atrás. Una llamada confirmó las sospechas.
“Esa noche yo veía que no volvía, no volvía,
no volvía”, recuerda Rubén. “Y me llamaron por teléfono, que algo pasó, que le
robaron la moto a Gastón. Y cuando me fui y llegué al lugar, mi hijo ya estaba
tapado con una bolsa”.
Según la crónica policial, Vampirito
Fernández por ese entonces hacía 20 días que se había fugado de la Alcaidía de Resistencia,
en complicidad, dicen, de la policía penitenciaria. Durante el juicio que
finalizó en mayo de 2005, Vampirito además de reconocer la autoría del crimen
aseguró que esa noche, con otro amigo, tomaron “dos cajitas de vino con
Rivotril”.
El 3 de diciembre de 2002, alrededor de las
3 de la mañana, Fernández junto a su amigo Victor Medina decidieron que esa
noche era ideal para salir a robar. El objetivo: una despensa del Centro
Comercial del Barrio Mujeres Argentinas.
En ese mismo lugar, a esa misma hora, llegó
Gastón a bordo de su moto junto a su primo para comprar una gaseosa. Mientras
tanto, Vampirito estaba dedicado a reducir al sereno de la cuadra. Cuando se da
cuenta de que el kiosko y el sereno estaban siendo asaltados, Gastón intenta
huir del lugar. Se sube a su moto. Vampirito lo ve. Apunta. Dispara. Gastón
recibe el balazo por la espalda. Muere en el acto. Fernández y su compañero
escapan.
***
De camisa parda mangas corta y pantalón de
jeans, Rubén está parado bajo un sol radiante de sábado por la mañana. Estamos
en medio de uno de los predios prestados que tiene la Fundación Gastón ,
dedicada a contener deportiva y culturalmente a los chicos y jóvenes que están
en situación de riesgo social de las barriadas más pobres de Resistencia. Habla
con un padre sobre los pormenores del viaje que esta tarde van a realizar a la
localidad de Colonia Baranda, donde los chicos de su Fundación jugarán un
partido de fútbol con pibes de allá y de paso tomarán la merienda.
Junto a Rubén están sentadas en ronda de
sillas plásticas un grupo de mujeres de entre 20 y 30 años que charlan y toman
mate y vuelven a charlar. Son algunas de las 40 personas que trabajan ad
honorem en la Fundación ,
haciendo la comida, sirviendo la merienda, o simplemente estando con los
chicos. Justo al lado de las mujeres, 22 pibes gritan y corren detrás de una
pelota de fútbol.
El predio se encuentra ubicado en Avenida
Malvinas Argentinas casi Belgrano y
tiene cuatro canchas para once jugadores. Junto a las canchas, en el
medio del lugar, hay una pieza 4 por 4 que funciona de depósito, cocina y estudio
de la Fundación. La
construcción tiene en su fachada la cara en blanco y negro de Gastón de los
Santos, con una sonrisa gigante. En su interior, hay más de cien pares de
zapatillas donadas por una tienda de calzados, bolsadas de fideos, arroz y al
menos una decena de pelotas de fútbol. Todo, menos las pelotas que se prestan a
los chicos, son para dárselos a los pibes.
Luego de la muerte de Gastón, Rubén decidió
encarar su dolor de esta manera. Evitando que la exclusión social, la pobreza y
la violencia genere más monstruos como Vampirito Fernández. La idea surgió de
repente una vez finalizado el juicio que encarceló a Vampirito, en 2005. “Fue
un clic”, asegura. “Después del juicio dije que iba a dedicar mi vida a que la
memoria de mi hijo quede en la conciencia de todos los chaqueños trabajando
para la comunidad. Y así fue”.
Muchas víctimas de la inseguridad, han
pedido más penas para los delincuentes,
bajar la edad de imputabilidad y hasta implementar en Argentina la pena
de muerte. Rubén por el contrario pensó que el método para mejorar la seguridad
no son más castigo sino enfocar todas las fuerzas en la contención de los
chicos en situación de riesgo. En definitiva, darle esperanza a los pibes que
no creen en nada porque no tienen nada.
Tiene seis canchas más, junto a una casa en
Caracas 650, en Villa Don Alberto, que es la sede de la ONG , la cual tiene hasta una
pileta de natación recientemente refaccionada por Sameep. Las gestiones de
Rubén posibilitaron que la familia Ermácora, dueña de la empresa de
transportes, Puerto Tirol, les prestara
las canchas y le alquilara la vivienda que funciona como sede a un
precio muy accesible. El alquiler de la casa –unos $450- es pagado por el
Instituto de Cultura.
Gracias al empuje de Rubén, por estas semanas
la Fundación
espera que desde Cultura también envíen profesores que enseñen pintura, danza
folclorica, entre otras cinco actividades más. Todos cursos para los chicos.
Todos gratuitos. También se aguarda la llegada de cinco máquinas
desmalezadoras, entregadas desde el ministerio de Desarrollo Social. La
intensión es dar trabajo a unas 20 personas desocupadas, quienes trabajaran en
dos turnos, de 7 a
18. El 80% de lo recaudado irá para los trabajadores mientras que el 20%
restante será destinado a fondear a la Fundación. Pero las máquinas no son un regalo:
Una vez por semana la ONG
hará una limpieza completa de toda la Villa Don Alberto.
“Hacer esto fue ponerme frente a muchas
realidades que duelen”, comenta Rubén, la mirada fija, los ojos colorados.
“Tanto en la inseguridad como en lo que yo me estoy codeando día a día, que es
la pobreza extrema. Chicos que no comen todos los días, chicos que no tienen un
simple calzado para ir a la escuela. Hay chiquitos que han venido con los ojos
rojos de droga. Que yo le dí una muestra de afectos. Les hablo. Cambiaron.
Siguen viniendo. Hay chiquitos que vivían en la calle. Hoy me agrada ver a esos
chiquitos que ahora tienen 14, 15 años y que están trabajando en una
verdulería, ayudando. Me agrada recorrer, hermano, esta barriada tan amplia,
que son casi 80 hectáreas ,
donde los chiquitos saben quien soy. Sacarlos de la calle a los chicos
demuestra que esta tarea sirve”.
-Ahora salieron muchos famosos hablando
sobre la necesidad de implementar la pena de muerte para algunos delitos. ¿Qué
pensás de eso?
- Con la pena de muerte no se resuelve nada.
Tal vez no sea la persona indicada en decirlo pero es como te decía, acá
tenemos que pensar de otra manera. Acá mucho de lo que pasa es culpa de la
corrupción y de que hubo gente a la que le interesó que estemos así. Tanto en
la educación, como en el deporte, como en muchos ámbitos estamos viendo muchas
cosas dolorosas. Por ejemplo, te sintetizo y si sale en la nota, mucho mejor:
En el ministerio de Educación hay piqueteros que han recibido cerca de 400
becas para sus allegados, que a su vez esos que reciben las becas son
extorsionados, hermano, para ir a cortar rutas, para presionar a funcionarios.
Entonces, si a mí me dan 400 becas te doy vuelta la provincia, pero haciendo
cosas beneficiosas. Sabés porqué, porque en mí está el no lucrar con la necesidad
de la gente, y demostrarle al Gobierno que se pueden hacer muchas cosas. Este
trabajo aparte de rescatar a los chico humildes les da otra visión de futuro.
***
Hasta la muerte de Gastón, Rubén encabezaba
una familia que quería salir de la tristeza. Mariana, su primera mujer y mamá
de su hijo muerto, había fallecido en 1991 a
causa de una complicación pulmonar. Padre soltero, tomó un trabajo como
recepcionista en el Hotel Covadonga y a la par colocó una despensa. “Gastón tenía 5 años y Javier 3 (su hermano)
cuando quedaron huérfanos. Nos costó mucho salir; imaginate un padre sin su
señora y que los hijos se pregunten el día de la madre, el día del niño, en el
jardín, en todos lados… No tener a su mamá era terrible. Y yo tenía que asumir
ese rol cueste lo que cueste”.
Pasó el tiempo y Rubén conoció María Elena,
quien hasta ahora es su compañera. Vinieron 4 hijos más. Después de tanto
sufrimiento la familia De los Santos creyó que la vida sería sólo sonrisas. “Gastón
soñaba con ir a la facultad, quería estudiar Veterinaria… Cuando pasó lo de
Gastón, caí”.
Con la muerte de su hijo, Rubén entró en un
fuerte estado depresivo. Renunció a su trabajo en el Hotel y se dedicaba con
pocas ganas a atender su despensa. Vivía alterado, se despertaba a medianoches
a los gritos. Incluso llegó a recurrir al alcohol para olvidar tanto dolor. “La
gente que me conoció años no podía creer en qué estado estaba, hasta donde
llegué a caer. Conociéndome de que yo era un tipo dinámico, un tipo deportista…
encontrarse con una persona alejada de la realidad. Hasta mi personalidad
cambió. Muchas cosas cambiaron. El estado de ánimo no era el mismo para atender
a 40 o 50 personas por día. Ver las caras de los vecinos que te preguntan: ‘¿Cómo
te sentí’”, y no se imaginan”.
Una propuesta laboral hizo tiempo después
que el destino de Rubén cambiara 180 grados. Guido Leúnda, ex presidente del
Insssep conocía a De los Santos desde su trabajo como recepcionista en el
Covadonga. Le gustaba su energía, según explicó, y además sabía que no estaba
para nada bien, luego de la tragedia que vivió. Leúnda le dijo a María Elena
–quien ya trabajaba en Insssep- que había un puesto en la obra social para
Rubén, lugar en el que aún sigue trabajando. La estabilidad y el sueldo le
dieron nueva vida. “Eso me cambió, me
dio fortaleza, me dio vida, económicamente pude zafar de muchas situaciones. Mi
señora y yo hemos revivido”.
El primer evento que organizó la fundación
antes de ser Fundación fue el Día del Niño en 2005, a tres meses del
juicio que condenó a Vampirito Fernández. Tres meses de trabajo a doble jornada
posibilitaron que una multitud llegara al Polideportivo Jaime Zapata. Ya en
2006 Rubén decidió que iba a comenzar a hacer homenajes anuales para recordar a
su hijo. Sin embargo, hubo lo que él denomina “zancadillas” por parte de
algunos funcionarios municipales.
-¿Qué tipo de zancadillas?
- El municipio, que era de la Alianza , yo renegaba contra
(el ex secretario de Gobierno, Hugo) Matkovich, (Ángel) Rozas y todo el mundo
por la muerte de mi hijo... En 2005 fue declarado interés municipal el acto
nuestro y me llegó un escenario sobre tachos (lo dice con tono de desprecio),
de tres por tres, con una multitud de casi 3000 personas. En 2006, consigo un
escenario grandísimo, el escenario grande que tiene la Municipalidad , pero una
semana antes me habla Aída Ayala que si yo no me molestaba porque querían traer
al (cantante de folclore de 10 años) “Chinito”, de Tinelli. “No por favor, si chicos hay por todos
lados”, le dije. No te imaginás lo que me han hecho. Me hicieron un acto
paralelo con muchísima publicidad en los medios. Trataban de que yo no muestre
mi dolor. Y no surgió efecto porque acá fue un lleno total.
***
Vampirito Fernández se escapó de la Alcaidía
de Resistencia dos veces. Ya con un frondoso prontuario que incluía robos y
amenazas con armas de fuego, su primera fuga se dio en 2002 y luego en febrero
de 2003, siendo recapturado en la siesta del 2 de mayo de 2004. Siempre se
habló de complicidad policial en sus fugas pero nunca hubo detenidos por
ninguna de las dos.
Su último escape fue cinematográfico. Apenas
se fue de la Alcaidía
cruzó a la ciudad de Corrientes y el 14 de marzo de 2004 viajó a Buenos Aires y
nunca más regresó a Chaco. Efectivos de Motovehículos lo localizaron en una finca
de un familiar en San Francisco Solano. Se realizó el allanamiento, pero
Fernández logró eludir el asedio policial y se mudó a Villa Gesel refugiándose
en la casa de un proxeneta de Villa La Sirena , donde esperó mantener contacto con sus
familiares. Luego, hizo escala en Trenque Lauquen esperando en la localidad de
América, cerca del límite con la provincia de La Pampa. Vampirito
tratando de despistar a los investigadores realizó algunos cambios en su
aspecto personal. Se cortó el cabello y tiño de rubio parcialmente su
cabellera.
Pensando que lo perdieron de vista, a fines
de abril de 2004, Vampirito regresó a San Francisco Solano. Buscaba la forma de
arreglar su instalarse con cierta tranquilidad en una estancia de Pehuajó a
donde quería ir a vivir con su concubina. El 6 de febrero agentes de la Policía de Chaco con un
exhorto del juez Inocencio Zanazzo se trasladaron hasta San Francisco Solano,
partido de Quilmas, donde allanaron la finca situada en las calles 861 y 893
bis perteneciente a una tía de Vampirito, quien logró escapar por los pasillos
de una villa de emergencia.
Alrededor de las 13 del 2 de mayo, el
prófugo caminaba hacia una feria de la zona de San Francisco Solano, al parecer
a comprar ropas, según comentó uno de los policías cuando lo interceptaron.
Pero se especuló que su intención era robar porque no llevaba dinero. Una
patrulla de la comisaría de Avellaneda lo interceptó en las calles 862 y 898,
a unas siete cuadras de la casa de su
tía.
-Ahora creo que no lo harías, pero en algún
momento, ¿pensaste vengarte?
- Sí, anduve armado. Anduve preparado para
cualquier cosa.
-¿Qué significa eso?
- Estaba decidido a encontrarme frente a
frente. Busqué por todos los medios…
- ¿Matar a Vampirito?
- Sí, no te imaginas. Tenía pensado… Llegué
a pensar en eso, recorrí la ciudad buscándolo, recorrí Barranqueras buscándolo.
Sólo y armado. Arriba de mi moto, nomás. Tenía un 38. Pero después pensé que no
me resolvía la vida porque tengo mis hijos, mi familia, y sufrieron mucho.
Sufren hasta ahora. Entonces decidí descartarlo de lleno y hacerle un
seguimiento más público. Por los medios, por todos lados. Y gracias a Dios dio
sus frutos. Porque todos saben lo que hice, lo que sufrí. Lo hice con mucho
dolor hermano, porque Gastón, huérfano de madre, 16 años, terminando su
secundaria, excelente jugador de fútbol –jugaba en Resistencia Central- y que
me lo hayan sacado así, fue matarme, me mataron (se quiebra).
-¿Lo volviste a ver?
- En el 2005 fue condenado y seguido por mí
para que sea pasado de la
Alcaidía a la cárcel. Acá me decían que era imposible hacerlo
porque eso dependía de la
Nación. No me costó entonces ir a Buenos Aires por medio del
por ese entonces senador (Jorge) Capitanich. Al ministro de Justicia de la Nación le fui a plantear
la necesidad de que ese sujeto pase a la cárcel. Capitanich me había dicho que
era medio difícil porque el convenio que ha tenido Nación con provincia no se
ha respetado porque la
Provincia le debe muchísima plata a la Nación. Por eso los presos
condenados no pueden pasar a la
U 7, por la deuda que se ha contraído. Insistí que encuentren
los medios o caso contrario yo iba a presionar para que se resuelva la
situación del asesino porque para mí como padre era un riesgo tenerlo de por
vida en la Alcaidía
porque iba a estar atento de si estaba o no estaba ahí. No iba a estar en paz.
Hasta que recibo una notificación de que el condenado iba a pasar a la cárcel,
eso fue finalizando 2005. El asesino mientras yo tenga vida… No se imagina que
yo tengo conocidos tanto en la
Alcaidía como en la cárcel que me van a notificar de su
movimiento.
- ¿Sabés qué hace ahora?
- Ahora, hablando mal, te puedo decir que es
una señorita ahí en la cárcel. Se le terminaron los beneficios que le daban en la Alcaidía.
- ¿Qué beneficios?
- Los beneficios fueron la salidas: estando
preso salía a delinquir. En 2007 falleció un hijo de él. Estaba arriba de un
techo y se ahogó, tuvo broncoespamos y murió. Me notificaron que iban a
trasladarlo. Me voy y lo espero en la avenida San Martín y Rissione, en
Barranqueras, que a tal hora lo iban a llevar. Viene el celular que lo traía al
condenado y lo seguí. Lo seguí, lo seguí, lo seguí. Los guardiacárceles no
sabían que hacer porque yo estaba sin armas, sin nada. Me fui hasta el velorio.
Los familiares de él me miraban, no sabían si…Habrán pensado alguna vez que yo
tenía miedo. Cuando abrieron la puerta del celular estaba a dos metros.
- ¿Por qué hiciste todo eso?
- Lo hice para hacerle saber que voy a ser
la sombra mientras viva. Se le terminó la complicidad, se le terminaron los
cómplices que tenía.
***
Rubén mantiene hoy un juicio civil con la Provincia por daños y
perjuicios. Su representante legal acusa al Estado de no tomar los recaudos
necesarios para impedir la fuga de Fernández, hecho que provocó en gran medida
la muerte de Gastón. Rubén asegura que lo que cobrará del juicio será una suma
millonaria.
- ¿Qué vas a hacer con esa plata?
- Voy a seguir ayudando, voy a seguir
trabajando y voy a dar mucho. No voy a regalar, sabés lo que voy a hacer: Voy a
enseñar a la gente a trabajar. Porque mi propósito como entidad no es pedir
subsidios, no quiero hablar de plata. Quiero que el Estado venga con
herramientas, para que la gente trabaje. Quiero tener la panadería propia.
- ¿Cuál sería el ideal de la fundación?
- Que
pueda extenderse.
-
¿Hasta dónde?
-
Hasta donde sea.
*Publicado en abril de 2009 en El Diario de la Región
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