jueves, 27 de junio de 2013

"Anduve armado buscando al asesino de mi hijo"


“Estaba drogado, no sabía lo que hacía, vi que algo se movió y lo quise asustar”. Con una Biblia de tapa bordó entre sus manos, campera de denim gastada, los ojos muertos y el pelo enmarañado, Miguel “Vampirito” Fernández reconoció en 2005 ante el Tribunal de la Cámara Tercera en lo Criminal haber asesinado a Gastón De los Santos a quien una bala calibre ’38 le destrozó el corazón una madrugada de diciembre de 2002. Gastón tenía 16 años.

Antes de saber de la muerte de su hijo, esa madrugada, Rubén De los Santos, estaba de festejo. El más pequeño de sus seis chicos cumplía años. Rubén comenzó a sospechar que algo andaba mal por el retrazo que llevaba Gastón, quien era particularmente puntual cada vez que salía a hacer mandados con su moto, una Zanella Sol 70 centimetros cúbicos, que su papá le había regalado tres meses atrás. Una llamada confirmó las sospechas.

“Esa noche yo veía que no volvía, no volvía, no volvía”, recuerda Rubén. “Y me llamaron por teléfono, que algo pasó, que le robaron la moto a Gastón. Y cuando me fui y llegué al lugar, mi hijo ya estaba tapado con una bolsa”.

Según la crónica policial, Vampirito Fernández por ese entonces hacía 20 días que se había fugado de la Alcaidía de Resistencia, en complicidad, dicen, de la policía penitenciaria. Durante el juicio que finalizó en mayo de 2005, Vampirito además de reconocer la autoría del crimen aseguró que esa noche, con otro amigo, tomaron “dos cajitas de vino con Rivotril”.

El 3 de diciembre de 2002, alrededor de las 3 de la mañana, Fernández junto a su amigo Victor Medina decidieron que esa noche era ideal para salir a robar. El objetivo: una despensa del Centro Comercial del Barrio Mujeres Argentinas. 

En ese mismo lugar, a esa misma hora, llegó Gastón a bordo de su moto junto a su primo para comprar una gaseosa. Mientras tanto, Vampirito estaba dedicado a reducir al sereno de la cuadra. Cuando se da cuenta de que el kiosko y el sereno estaban siendo asaltados, Gastón intenta huir del lugar. Se sube a su moto. Vampirito lo ve. Apunta. Dispara. Gastón recibe el balazo por la espalda. Muere en el acto. Fernández y su compañero escapan.


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De camisa parda mangas corta y pantalón de jeans, Rubén está parado bajo un sol radiante de sábado por la mañana. Estamos en medio de uno de los predios prestados que tiene la Fundación Gastón, dedicada a contener deportiva y culturalmente a los chicos y jóvenes que están en situación de riesgo social de las barriadas más pobres de Resistencia. Habla con un padre sobre los pormenores del viaje que esta tarde van a realizar a la localidad de Colonia Baranda, donde los chicos de su Fundación jugarán un partido de fútbol con pibes de allá y de paso tomarán la merienda.

Junto a Rubén están sentadas en ronda de sillas plásticas un grupo de mujeres de entre 20 y 30 años que charlan y toman mate y vuelven a charlar. Son algunas de las 40 personas que trabajan ad honorem en la Fundación, haciendo la comida, sirviendo la merienda, o simplemente estando con los chicos. Justo al lado de las mujeres, 22 pibes gritan y corren detrás de una pelota de fútbol.

El predio se encuentra ubicado en Avenida Malvinas Argentinas casi Belgrano y  tiene cuatro canchas para once jugadores. Junto a las canchas, en el medio del lugar, hay una pieza 4 por 4 que funciona de depósito, cocina y estudio de la Fundación. La construcción tiene en su fachada la cara en blanco y negro de Gastón de los Santos, con una sonrisa gigante. En su interior, hay más de cien pares de zapatillas donadas por una tienda de calzados, bolsadas de fideos, arroz y al menos una decena de pelotas de fútbol. Todo, menos las pelotas que se prestan a los chicos, son para dárselos a los pibes.

Luego de la muerte de Gastón, Rubén decidió encarar su dolor de esta manera. Evitando que la exclusión social, la pobreza y la violencia genere más monstruos como Vampirito Fernández. La idea surgió de repente una vez finalizado el juicio que encarceló a Vampirito, en 2005. “Fue un clic”, asegura. “Después del juicio dije que iba a dedicar mi vida a que la memoria de mi hijo quede en la conciencia de todos los chaqueños trabajando para la comunidad. Y así fue”.

Muchas víctimas de la inseguridad, han pedido más penas para los delincuentes,  bajar la edad de imputabilidad y hasta implementar en Argentina la pena de muerte. Rubén por el contrario pensó que el método para mejorar la seguridad no son más castigo sino enfocar todas las fuerzas en la contención de los chicos en situación de riesgo. En definitiva, darle esperanza a los pibes que no creen en nada porque no tienen nada. 

La Fundación hoy contiene a unos 100 chicos y proyecta hacerlo con unos 400 más. En esta organización el fútbol es clave. No sólo porque es la principal herramienta para que los pibes socialicen y se sientan contenidos por un grupo con buenas intensiones, sino que también es el propio alquiler de las canchas (que se cobran a adultos que quieren usarlas de noche) lo que genera el principal ingreso de la organización.

Tiene seis canchas más, junto a una casa en Caracas 650, en Villa Don Alberto, que es la sede de la ONG, la cual tiene hasta una pileta de natación recientemente refaccionada por Sameep. Las gestiones de Rubén posibilitaron que la familia Ermácora, dueña de la empresa de transportes, Puerto Tirol, les prestara  las canchas y le alquilara la vivienda que funciona como sede a un precio muy accesible. El alquiler de la casa –unos $450- es pagado por el Instituto de Cultura.

Gracias al empuje de Rubén, por estas semanas la Fundación espera que desde Cultura también envíen profesores que enseñen pintura, danza folclorica, entre otras cinco actividades más. Todos cursos para los chicos. Todos gratuitos. También se aguarda la llegada de cinco máquinas desmalezadoras, entregadas desde el ministerio de Desarrollo Social. La intensión es dar trabajo a unas 20 personas desocupadas, quienes trabajaran en dos turnos, de 7 a 18. El 80% de lo recaudado irá para los trabajadores mientras que el 20% restante será destinado a fondear a la Fundación. Pero las máquinas no son un regalo: Una vez por semana la ONG hará una limpieza completa de toda la Villa Don Alberto.

“Hacer esto fue ponerme frente a muchas realidades que duelen”, comenta Rubén, la mirada fija, los ojos colorados. “Tanto en la inseguridad como en lo que yo me estoy codeando día a día, que es la pobreza extrema. Chicos que no comen todos los días, chicos que no tienen un simple calzado para ir a la escuela. Hay chiquitos que han venido con los ojos rojos de droga. Que yo le dí una muestra de afectos. Les hablo. Cambiaron. Siguen viniendo. Hay chiquitos que vivían en la calle. Hoy me agrada ver a esos chiquitos que ahora tienen 14, 15 años y que están trabajando en una verdulería, ayudando. Me agrada recorrer, hermano, esta barriada tan amplia, que son casi 80 hectáreas, donde los chiquitos saben quien soy. Sacarlos de la calle a los chicos demuestra que esta tarea sirve”.

-Ahora salieron muchos famosos hablando sobre la necesidad de implementar la pena de muerte para algunos delitos. ¿Qué pensás de eso?

- Con la pena de muerte no se resuelve nada. Tal vez no sea la persona indicada en decirlo pero es como te decía, acá tenemos que pensar de otra manera. Acá mucho de lo que pasa es culpa de la corrupción y de que hubo gente a la que le interesó que estemos así. Tanto en la educación, como en el deporte, como en muchos ámbitos estamos viendo muchas cosas dolorosas. Por ejemplo, te sintetizo y si sale en la nota, mucho mejor: En el ministerio de Educación hay piqueteros que han recibido cerca de 400 becas para sus allegados, que a su vez esos que reciben las becas son extorsionados, hermano, para ir a cortar rutas, para presionar a funcionarios. Entonces, si a mí me dan 400 becas te doy vuelta la provincia, pero haciendo cosas beneficiosas. Sabés porqué, porque en mí está el no lucrar con la necesidad de la gente, y demostrarle al Gobierno que se pueden hacer muchas cosas. Este trabajo aparte de rescatar a los chico humildes les da otra visión de futuro.


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Hasta la muerte de Gastón, Rubén encabezaba una familia que quería salir de la tristeza. Mariana, su primera mujer y mamá de su hijo muerto, había fallecido en 1991 a causa de una complicación pulmonar. Padre soltero, tomó un trabajo como recepcionista en el Hotel Covadonga y a la par colocó una despensa.  “Gastón tenía 5 años y Javier 3 (su hermano) cuando quedaron huérfanos. Nos costó mucho salir; imaginate un padre sin su señora y que los hijos se pregunten el día de la madre, el día del niño, en el jardín, en todos lados… No tener a su mamá era terrible. Y yo tenía que asumir ese rol cueste lo que cueste”.

Pasó el tiempo y Rubén conoció María Elena, quien hasta ahora es su compañera. Vinieron 4 hijos más. Después de tanto sufrimiento la familia De los Santos creyó que la vida sería sólo sonrisas. “Gastón soñaba con ir a la facultad, quería estudiar Veterinaria… Cuando pasó lo de Gastón, caí”.

Con la muerte de su hijo, Rubén entró en un fuerte estado depresivo. Renunció a su trabajo en el Hotel y se dedicaba con pocas ganas a atender su despensa. Vivía alterado, se despertaba a medianoches a los gritos. Incluso llegó a recurrir al alcohol para olvidar tanto dolor. “La gente que me conoció años no podía creer en qué estado estaba, hasta donde llegué a caer. Conociéndome de que yo era un tipo dinámico, un tipo deportista… encontrarse con una persona alejada de la realidad. Hasta mi personalidad cambió. Muchas cosas cambiaron. El estado de ánimo no era el mismo para atender a 40 o 50 personas por día. Ver las caras de los vecinos que te preguntan: ‘¿Cómo te sentí’”, y no se imaginan”.

Una propuesta laboral hizo tiempo después que el destino de Rubén cambiara 180 grados. Guido Leúnda, ex presidente del Insssep conocía a De los Santos desde su trabajo como recepcionista en el Covadonga. Le gustaba su energía, según explicó, y además sabía que no estaba para nada bien, luego de la tragedia que vivió. Leúnda le dijo a María Elena –quien ya trabajaba en Insssep- que había un puesto en la obra social para Rubén, lugar en el que aún sigue trabajando. La estabilidad y el sueldo le dieron nueva vida.  “Eso me cambió, me dio fortaleza, me dio vida, económicamente pude zafar de muchas situaciones. Mi señora y yo hemos revivido”.

El primer evento que organizó la fundación antes de ser Fundación fue el Día del Niño en 2005, a tres meses del juicio que condenó a Vampirito Fernández. Tres meses de trabajo a doble jornada posibilitaron que una multitud llegara al Polideportivo Jaime Zapata. Ya en 2006 Rubén decidió que iba a comenzar a hacer homenajes anuales para recordar a su hijo. Sin embargo, hubo lo que él denomina “zancadillas” por parte de algunos funcionarios municipales.

-¿Qué tipo de zancadillas?

- El municipio, que era de la Alianza, yo renegaba contra (el ex secretario de Gobierno, Hugo) Matkovich, (Ángel) Rozas y todo el mundo por la muerte de mi hijo... En 2005 fue declarado interés municipal el acto nuestro y me llegó un escenario sobre tachos (lo dice con tono de desprecio), de tres por tres, con una multitud de casi 3000 personas. En 2006, consigo un escenario grandísimo, el escenario grande que tiene la Municipalidad, pero una semana antes me habla Aída Ayala que si yo no me molestaba porque querían traer al (cantante de folclore de 10 años) “Chinito”, de Tinelli.  “No por favor, si chicos hay por todos lados”, le dije. No te imaginás lo que me han hecho. Me hicieron un acto paralelo con muchísima publicidad en los medios. Trataban de que yo no muestre mi dolor. Y no surgió efecto porque acá fue un lleno total.

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Vampirito Fernández se escapó de la Alcaidía de Resistencia dos veces. Ya con un frondoso prontuario que incluía robos y amenazas con armas de fuego, su primera fuga se dio en 2002 y luego en febrero de 2003, siendo recapturado en la siesta del 2 de mayo de 2004. Siempre se habló de complicidad policial en sus fugas pero nunca hubo detenidos por ninguna de las dos.

Su último escape fue cinematográfico. Apenas se fue de la Alcaidía cruzó a la ciudad de Corrientes y el 14 de marzo de 2004 viajó a Buenos Aires y nunca más regresó a Chaco. Efectivos de Motovehículos lo localizaron en una finca de un familiar en San Francisco Solano. Se realizó el allanamiento, pero Fernández logró eludir el asedio policial y se mudó a Villa Gesel refugiándose en la casa de un proxeneta de Villa La Sirena, donde esperó mantener contacto con sus familiares. Luego, hizo escala en Trenque Lauquen esperando en la localidad de América, cerca del límite con la provincia de La Pampa. Vampirito tratando de despistar a los investigadores realizó algunos cambios en su aspecto personal. Se cortó el cabello y tiño de rubio parcialmente su cabellera.

Pensando que lo perdieron de vista, a fines de abril de 2004, Vampirito regresó a San Francisco Solano. Buscaba la forma de arreglar su instalarse con cierta tranquilidad en una estancia de Pehuajó a donde quería ir a vivir con su concubina. El 6 de febrero agentes de la Policía de Chaco con un exhorto del juez Inocencio Zanazzo se trasladaron hasta San Francisco Solano, partido de Quilmas, donde allanaron la finca situada en las calles 861 y 893 bis perteneciente a una tía de Vampirito, quien logró escapar por los pasillos de una villa de emergencia.

Alrededor de las 13 del 2 de mayo, el prófugo caminaba hacia una feria de la zona de San Francisco Solano, al parecer a comprar ropas, según comentó uno de los policías cuando lo interceptaron. Pero se especuló que su intención era robar porque no llevaba dinero. Una patrulla de la comisaría de Avellaneda lo interceptó en las calles 862 y 898, a unas siete cuadras de la casa de su tía.

-Ahora creo que no lo harías, pero en algún momento, ¿pensaste vengarte?

- Sí, anduve armado. Anduve preparado para cualquier cosa.

-¿Qué significa eso?

- Estaba decidido a encontrarme frente a frente. Busqué por todos los medios…

- ¿Matar a Vampirito?

- Sí, no te imaginas. Tenía pensado… Llegué a pensar en eso, recorrí la ciudad buscándolo, recorrí Barranqueras buscándolo. Sólo y armado. Arriba de mi moto, nomás. Tenía un 38. Pero después pensé que no me resolvía la vida porque tengo mis hijos, mi familia, y sufrieron mucho. Sufren hasta ahora. Entonces decidí descartarlo de lleno y hacerle un seguimiento más público. Por los medios, por todos lados. Y gracias a Dios dio sus frutos. Porque todos saben lo que hice, lo que sufrí. Lo hice con mucho dolor hermano, porque Gastón, huérfano de madre, 16 años, terminando su secundaria, excelente jugador de fútbol –jugaba en Resistencia Central- y que me lo hayan sacado así, fue matarme, me mataron (se quiebra).

-¿Lo volviste a ver?

- En el 2005 fue condenado y seguido por mí para que sea pasado de la Alcaidía a la cárcel. Acá me decían que era imposible hacerlo porque eso dependía de la Nación. No me costó entonces ir a Buenos Aires por medio del por ese entonces senador (Jorge) Capitanich. Al ministro de Justicia de la Nación le fui a plantear la necesidad de que ese sujeto pase a la cárcel. Capitanich me había dicho que era medio difícil porque el convenio que ha tenido Nación con provincia no se ha respetado porque la Provincia le debe muchísima plata a la Nación. Por eso los presos condenados no pueden pasar a la U7, por la deuda que se ha contraído. Insistí que encuentren los medios o caso contrario yo iba a presionar para que se resuelva la situación del asesino porque para mí como padre era un riesgo tenerlo de por vida en la Alcaidía porque iba a estar atento de si estaba o no estaba ahí. No iba a estar en paz. Hasta que recibo una notificación de que el condenado iba a pasar a la cárcel, eso fue finalizando 2005. El asesino mientras yo tenga vida… No se imagina que yo tengo conocidos tanto en la Alcaidía como en la cárcel que me van a notificar de su movimiento.

- ¿Sabés qué hace ahora?

- Ahora, hablando mal, te puedo decir que es una señorita ahí en la cárcel. Se le terminaron los beneficios que le daban en la Alcaidía.

- ¿Qué beneficios?

- Los beneficios fueron la salidas: estando preso salía a delinquir. En 2007 falleció un hijo de él. Estaba arriba de un techo y se ahogó, tuvo broncoespamos y murió. Me notificaron que iban a trasladarlo. Me voy y lo espero en la avenida San Martín y Rissione, en Barranqueras, que a tal hora lo iban a llevar. Viene el celular que lo traía al condenado y lo seguí. Lo seguí, lo seguí, lo seguí. Los guardiacárceles no sabían que hacer porque yo estaba sin armas, sin nada. Me fui hasta el velorio. Los familiares de él me miraban, no sabían si…Habrán pensado alguna vez que yo tenía miedo. Cuando abrieron la puerta del celular estaba a dos metros.

- ¿Por qué hiciste todo eso?

- Lo hice para hacerle saber que voy a ser la sombra mientras viva. Se le terminó la complicidad, se le terminaron los cómplices que tenía.


                                                                                  ***


Rubén mantiene hoy un juicio civil con la Provincia por daños y perjuicios. Su representante legal acusa al Estado de no tomar los recaudos necesarios para impedir la fuga de Fernández, hecho que provocó en gran medida la muerte de Gastón. Rubén asegura que lo que cobrará del juicio será una suma millonaria.

- ¿Qué vas a hacer con esa plata?

- Voy a seguir ayudando, voy a seguir trabajando y voy a dar mucho. No voy a regalar, sabés lo que voy a hacer: Voy a enseñar a la gente a trabajar. Porque mi propósito como entidad no es pedir subsidios, no quiero hablar de plata. Quiero que el Estado venga con herramientas, para que la gente trabaje. Quiero tener la panadería propia.

- ¿Cuál sería el ideal de la fundación?

-  Que pueda extenderse.

-  ¿Hasta dónde?

-  Hasta donde sea.




*Publicado en abril de 2009 en El Diario de la Región

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